jueves, 31 de diciembre de 2015

YA ES AÑO NUEVO...

Si el tiempo no significara nada, no necesitaría ser medido; pero sí lo medimos y lo medimos porque nos sirve hacerlo, porque nos ayuda a contar, a entender, a evaluar, a anhelar, a esperar...; lo medimos en segundos y en minutos y en horas y en días y en semanas y en meses y en años y en lustros y en décadas y en siglos: Por quince minutos esperamos a alguien en la esquina para poder luego darle un beso; en horas medimos el tiempo que toma un vuelo en avión para conocer ese lugar que siempre deseamos; nueve meses toma poder conocer al hijo que tanto se quiso. En alrededor de un año aprendemos a caminar, en dos hablamos, en seis estamos listos para aprender a leer, en doce nuestro cuerpo empieza a madurar. Seis años dura la primaria, cinco la secundaria, cinco en promedio la universidad para los pocos que tenemos ese privilegio. A los dieciocho la mayoría de sociedades considera que estamos listos para ser ciudadanos completos, aunque su ejercicio no sea precisamente parejo. Treinta y seis años duró la guerra en Guatemala hasta que fingimos que había terminado y de eso ya hace diecinueve. En años medimos nuestra propia vida y por eso celebramos -cuando toca y no antes ni después- nuestros cumpleaños.
Es verdad que la vida de nadie cambia solo porque hoy termina 2015 y mañana inicia 2016, pero también es verdad que esos días que vienen frescos con nuevo correlativo implican mucho más que solo nuevos números: habrá vivencias/lágrimas/carcajadas/retos/logros/gritos de los buenos y gritos de los malos/buen sexo y mal sexo/noviazgos/bodas/divorcios/cumpleaños/ aniversarios/canciones/libros/licas/nacimientos/muertes, que luego recordaremos pensando que ocurrieron en 2016 y esa será la señal inequívoca de que lo vivimos.
Más que numeritos vacíos impresos en un calendario que ya toca otra vez cambiar, el año es una vuelta de la tierra alrededor del sol y, como tal, inevitable e indiscutiblemente es un final y un principio, ambos más grandes que nosotros. El calendario no es solo un papel con una chava en bikini anunciando un taller mecánico o con un bombero musculoso, sino un símbolo del tiempo, de sus ciclos; y el tiempo lo celebramos por lo que fue y por lo que será y, por eso, no es una tontería confiar en que un año nuevo pueda significar muchos "algos" nuevos. Por más que sea simbólico, ¿qué otra cosa nos pone enfrente la esperanza y la posibilidad de un lienzo en blanco?
Les deseo, entonces, que este lienzo en blanco llamado 2016 -este otro giro que daremos juntos alrededor de la luz- nos deje sintiendo amados, queridos, apreciados, tomados en cuenta, escuchados y mejores que antes. Eso, claro, llevará tropiezos, fracasos (o algo que lo parezca en su momento), sinsabores, disgustos, críticas y hasta insultos. De los insultos no nos dejemos (es tan rico decir "comé mierda") pero lo demás afrontémoslo como se deba y pueda. Ya vendrán más vueltas al sol mientras, como el planeta que nos acoge, cada uno giramos alrededor de nuestros propios ejes y afrontamos cometas y negociamos mareas con los satélites.
Si todavía existimos es gracias a los abrazos y a las querencias. Y si para darnos muchos y más y mejores abrazos y decirnos que nos queremos, hay que calendarizarlo, que así sea. 
Abracémonos hoy, pues, y deseémonos cosas bonitas.
De mi parte, en verdad agradezco el cariño, la presencia y los aportes constantes en estos foros de interlocución que se han vuelto parte esencial de mi existir.

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